martes, 14 de agosto de 2018
Asterión
lunes, 25 de abril de 2016
In the name of the sin
miércoles, 11 de noviembre de 2015
Beso Rojo
martes, 1 de junio de 2010
Zaphiro
Era tarde, a punto de amanecer. Detestaba el sol, sentía que en su blanca piel reflejaba demasiada luz y esto le incomodaba. Por lo que buscaría su refugio antes de que los fuertes rayos de sol se acercaran a los edificios. Dos horas, no le quedaba más.
Recordaba cuando vivía en su reino, hace tantos eones ya, cuando menos eso parecía.
Recordó el gran jardín de orquídeas negras que él había plantado para ella.
El era su guardián, su guardaespaldas, su cuidador, su amigo, el tendría alrededor de 8 años humanos mas que ella.
Desde que ella era niña, el se había vuelto su cuidador de tiempo completo. Ella recordaba que ese trabajo había sido el regalo del Senescal de su reino a su hijo mayor, cumpliendo la mayoría de edad. El trabajo que le costaría la vida, si fuera necesario: cuidar a la hija del gobernante supremo del reino.
Ella tenía 12 años cuando el cumplió los “primeros 20” y dedicó su juventud a verla feliz, y a complacerla. Pasaba todo el día con ella, le plantó un jardín inmenso junto a la fuente de agua dorada, e hizo crecer rubíes en las rosas de su recámara.
Recordó la vez que el la enseño a montar, ella ya contaba con entrenamiento previo, era una princesa y era una princesa acostumbrada a la guerra, pero él la enseño a disfrutar de las cabalgatas.
Ella supo lo que sentía por el al cumplir los 15 años, cuando en el solitario reino de la Noche, el bajaba las escaleras de mármol grisáceo, envuelto en una armadura negra acerina, con la espada en la mano. Ella estaba sentada en la explanada principal de los cerezos, llamada así por la cantidad de éstos árboles que adornaban toda la calzada y el camino a la entrada principal.
El no la había visto, la pasó de largo y ella callada solo lo observo. Pero el se detuvo unos metros adelante, respiró el aire profundo y se volteo hacia donde ella estaba, oculta de la vista de él, detrás de un arbusto plateado. El sonrío y le pidió que saliera, su aroma la delataba, ese olor a frutas. Ella se ruborizó.
El le explicó que tendría que salir, la guerra se acercaba, ella tenía que quedarse, venían por ella, y sin embargo los deseos que ella tenía, eran estar al lado de él. Se aventó a sus pies, soltó una lágrima negra de su blanco rostro, le pidió la llevase con él, porque la vida no sería nada si no estaba a su lado. El la levanto con amor, la besó en sus boca inmaculada, le confesó lo que también sentía por ella.
Pero ella era el tesoro que se peleaba en la guerra y todas las hordas estaban dispuestas a dar su vida por que a ella no le pasara nada, ella era un secreto a guardar. Y la protegería hasta el final.
Sabía que no lo volvería a ver.
Tantos años caminando sola… Sin un compañero, sin una voz. Ahora no vestía vestidos de terciopelo nunca más, ahora eran pantalones de batalla, con playeras sin mangas, descubriendo la marca de la Noche que ella llevaba en medio de su pecho, justo abajo del cuello. Cuanto tiempo le había costado entender quien era, porque el ejército del sol iba tras ella.
Como había odiado a sus antepasados, como odiaba su reino y como odiaba su nombre.
Ahora se hacía llamar Zaphiro, pero en eso tiempos tenía otro nombre, un nombre que nadie pronunciaba, por temor a espantarla, ¿como alguien con un nombre así podría ser tan inocente?, ¿como podría amar?
Había abandonado su reino, pero ellos la seguían buscando, después de tantos milenios, y ahora estaba en ese lugar tan horrible llamado tierra, huyéndoles. Un ser como ella imperecedero, atemporal, justamente un ser como él, él que había sacrificado su amor y el volverla a ver, por que ella fuera libre.
Era una ironía, que ella pudiera vivir y huir de lo que era, que ella pudiera matar, cuando hasta en esa tierra, ella era la reina, venerada y conocida, aunque no por su rostro humano si no por su nombre.
Intentaría inmolarse, destruirse. Acabar con lo que ella representaba en el reino de la Noche, en todas las galaxias, dimensiones y tierras.
Llegó al escondite, durmió, sin sueños mas que los ojos de él, el entendería, el sabía que ella tenía que acabar con su vida, por eso le había enseñado a amar, pero descubriendo quien era ella no había tenido el valor de acabar con su protegida. Así que había dejado la responsabilidad en ella para que llegado el momento Zaphiro hiciera lo que tenía que hacer.
Despertó sobresaltada, ellos estaban cerca, la habían ubicado, y harían lo que fuera porque no cumpliera su único deseo. Sacó del cinturón, la espada que su guardián llevaba siempre. Salió del escondite y corrió, hasta llegar al árbol blanco que se encontraba fuera, los tenía enfrente, la rodeaban.
Sin temor desenvainó la espada, y se precipitó hacia ella. Sabía que ahora podría ser solo Zaphiro y ya no sería más la imagen de lo que tanto odiaba, que no tendría nunca más ese nombre, y ahora solo sería un cuerpo, un humano, un ser más.
Ellos la veían morir, la dejaban desangrarse y morir lentamente con el dolor que no conocía, mientras repetían su nombre al viento. Sabían que renacería siendo un ser maldito solamente, ya no era la reina, ya no gobernaba, su nombre nunca sería mas el mismo. Maldad.
jueves, 12 de junio de 2008
Una noche solitaria III
Desperté muy bien descansada, la portuguesa no estaba y como pude darme cuenta, él la llevo a su hospedaje y ella ni siquiera se enteró a ciencia cierta que pasó la noche anterior, lo importante es que yo tenía que estar lista para cuando el llegara.
No sabía la decisión que él había tomado. Pero sentía premura porque el no llegaba y yo empezaba a sentir una desesperación muy extraña, como una sensación de alerta. Sabía que algo pasaría, y cuando salí al balcón lo descubrí. Aram, mi segundo al mando estaba debajo de la residencia, esperando a que lo invitara a subir, con una seña imperceptible para los demás pero muy común entre el y yo, le permití la entrada. Basándose en el truco que yo no usaba delante de nadie, subió hasta mi balcón y me abrazo de una manera intensa y completamente dulce. ¡Ah! Como extrañaba yo ese abrazo. Lentamente me aparto de su lado y me tomo de la cara con muchísima ternura, besó mi frente y me vio directamente a los ojos. Es igual que yo, espero mi reclamo hacia su falta de honestidad por no decirme la verdadera razón de estar ahí.
Pero esta vez no pensaba hacerlo. – ¿Y bien? Al punto, amor mío. El rió estertóreamente, sabiendo que con el “amor mío” trataba de suavizar lo golpeado de mi pregunta. -Vámonos, lejos unos días, tu, los chicos y yo, lleva a tu primo, a Arnot, a todos los de nuestra raza si quieres, recuerda que tu nos querías reunir, anda vámonos- me decía mientras tomaba mi mano y me llevaba al balcón. –No, y no trates de hacerme cambiar de opinión, el despertar de mi nuevo compañero empieza y tu mejor que nadie sabes que no lo dejaré, o ¿tu la dejarías a ella porque nosotros queremos?- el se sorprendió, ya que la situación en su caso había sido parecida, pero ella era un ser de oscuridad, era mas difícil y retador de lo que yo pensaba hacer. Aun así no esperaba ese argumento a mi favor. Me abrazo, -Estaré al pendiente de ti, y obvio de él-. Bajó por el medio por el que había subido y se fue. Mis inmortales se habían enterado y no estaban tranquilos, pero la verdad no me sentía asustada por ellos, si no por lo que significaba que ellos se entrometieran en el asunto. No íbamos a estar solos, y las cosas se iban a poner de color de hormiga.
Bajé pocos segundos después que Aram, pero obvio, el ya no estaba cerca. Decidí caminar, rumbo al trabajo de mi presa, y esperarlo sin que nadie me viera.
Lo llamé, el bajó, la conexión mental que habíamos iniciado era muy buena y a mi me hacía sentir mejor, me sentía unida a el.-Si vienes, nos vamos ahora, si no, me tengo que ir, el peligro es inminente y si no estás en nuestro estado en un par de horas, serás comida de perros si te encuentras cerca de mi- Me vio sorprendido pero entendió que mis palabras eran definitivas, me besó con furia, yo lo hice con desesperación. Me tomó de la mano y me hizo subir al tercer piso, donde el trabajaba. Su oficina tenía vista a toda el área operativa donde el fungía como Work Force. Atrás de este lugar había un par de oficinas, y una estaba alejada de las cámaras y de las vistas chismosas que pudieran aparecer, ya que ésta era una oficina de un alto mando. Así que con prisa me desnudo y me hizo el amor, como si en verdad hubiera amor. Deseé tanto hacerlo a la vista de todos, en la oficina de Gerencia, pero sabía que eso era demasiado.
Tomó un par de cosas mientras yo me vestía en la oficina y nos fuimos a toda prisa sin deparar en nada, corríamos como si el mismo diablo nos persiguiera, yo solo rogaba que solo fuera una frase, y que en verdad eso no fuera a pasar. Tratamos de esperar el elevador, pero como en todas las situaciones complicadas, estos aparatos nunca llegan. Y de pronto el se quedo quieto, escuchando. –Vámonos- me tomó del brazo y bajamos las escaleras.
Llegando al segundo piso, alguien lo aventó y me agarro de ambos brazos, con una fuerza mayor que humana, y en un solo respiro me metió a la sala en forma de Herradura que era famosa en este piso. Mi presa, entró detrás de mí pero no quiso entrometerse. Yo arañe la cara de mi agresor, y las luces se prendieron de pronto dentro de la sala. – ¡Auch!, no seas tonta- quite las manos de su cara y me di cuenta que era uno de mis inmortales mas queridos, el mejor amigo de Aram y mío, y que acababa de salir, ya que su horario terminaba a las 12:00, y alertado como estaba, esperaba verme aparecer, para después huir.
Las fuerzas enemigas nos atacarían y nosotros o nos agrupábamos o nos desaparecían. Yo solo me preocupaba por sacar a mi querido Turán (cabe recalcar que este es su nombre de inmortal, ya que nunca usaría el verdadero) de este lío y de hacerlo totalmente mío.
-Tienen que correr, yo les cubriré las espaldas, déjalo fuera de esto, o lárgate con él y no permitas que se acerquen, que lo van a matar, van detrás de él, al parecer un antiguo dragón que perdieron, y al parecer tu encontraste nuevamente- Mi querido protegido solo se agarró el brazo, donde yo sabía se encontraba un hermoso tatuaje de un dragón chino, pero decidimos callarnos y solo lo tomé de la mano, asentí y salí tras piernas bajando las escaleras, con el pegado a mi. Llegando a la planta baja decidimos tomar hacia el estacionamiento, ya que el guardaba su carro ahí. Bajamos las escaleras y lo puse contra la pared, en un instinto lo besé y puse mi mano sobre su miembro firme, me dieron ganas de continuar con nuestro idilio de la oficina, pero yo bien sabía que no era momento. Y no había tiempo. El respondió tocando mis senos y basándome nuevamente, mientras era el quien me estrellaba en contra la pared. Llegamos a su carro, subimos y corrimos a toda velocidad, sabiendo que mis inmortales contendrían el asalto y que podríamos huir, pero no teníamos mucho tiempo, salimos sin rumbo fijo.
Llevábamos cinco minutos de haber salido. Vimos un fulgor muy al estilo “bomba atómica” y supimos que venía de la empresa en la cual estábamos poco antes. La descarga fue puramente energética así que afectó poco los cimientos, pero para mi significaba la posible pérdida de los seres que más amaba.
Nos aventuramos a ir hacia Cuernavaca, en un hotel bastante cómodo nos alojamos alrededor de las 3 de la mañana. Estuvimos juntos, teniendo sexo como si nunca en nuestra vida lo fuéramos a volver a sentir. Teníamos las marcas en todo el cuerpo, mis arañazos en su espalda y mis mordidas, pequeños moretones en mi cuello y senos, de su boca. Por primera vez me entregué por completo a un hombre y él hizo lo mismo conmigo. El momento que mas disfrute fue los dos sobre la cama, habíamos terminado la primera vez y el me abrazaba y besaba. Hicimos un intercambio de esencias y aprendió muy rápido a hacer las cosas que yo mas amaba en el sexo con seres inmortales, ya que necesitas un grado de concentración bastante amplio, pero una vez logrado, bueno el sexo se vuelve algo “fuera de este mundo”. Aprendió rápido algunos pequeños y muy placenteros trucos y nos la pasamos mucho mejor que cualquiera, ya que mi incansable amante sabía como mantener moviendo mis caderas, sin que quisiera dejar de desearlo, y viéndome lo incansable que podía llegar a ser yo.
Intentamos todas las posiciones posibles, y por un rato mientras yo estaba arriba de él y el sentado me abrazaba de la espalda nuestros dragones se fusionaron, como una imagen sacada de tipografías de mitos viejos y leyendas apocalípticas. Sin imaginarnos el verdadero significado de eso.
Dormimos toda la mañana y despertamos ya entrada la tarde, ellos no atacarían hasta pasando la media noche. Decidimos seguir nuestro camino, pero ahora nos desviamos rumbo el ajusco, necesitaba el bosque para iniciar el ritual y volverlo lo que el era. Un inmortal, mi caballero del Dragón.
Llegamos pronto al ajusco y con desesperación algo paranoica nos internamos en el bosque, de pronto comenzó a llover y supe que estaban cerca, que nos rodearían y sin tiempo para nada envolví con mi manto energético a mi amado Turán. Y esperamos.
Llegaron y nos rodearon, poco después llegaron mis amigos inmortales, y empezó la batalla, empezaron a alejar la batalla de nosotros mientras yo protegía a Turán bajo mi fuerza. Mas del ochenta por ciento de los atacantes fue detrás de mis amigos que los llevaron a lugares de los cuales nunca regresaron, pero cabe decir que mis éstos, no regresaron a salvarnos el pellejo, ya que muy ocupados estaban reagrupándose y tratando de averiguar el porque querían a tan poderoso caballero.
Un ser de energía superior redescubrió tiró el manto de energía que nos protegía como si fuera una sábana y me rompió el cuello, para dejarlo a la merced de él sin ninguna expectativa real de que Turán pudiera ganar. Yo tardaría en recobrarme por lo que me limite a ver. El ser que quería acabar con mi presa mas querida se acercó lo levanto y de el chico al que yo quería transformar en el inmortal que era salió un fuego que quemó al enemigo y lo consumió en dos segundos, las alas salieron, alas transparentes y muy azules, su cuerpo cambió. Y el se transformo en una especie de dragón cargado con unas alas pequeñas pero muy largas. –Dime porque me elegiste a mi- Me dijo mientras me ponía sobre su espalda, y soltaba el vuelo. –Porque mi dragón necesitaba de sexo- conteste con un dolor que me recorría completamente todo el cuerpo. El sonrió, -no te faltará en un buen tiempo, ahora tendrás que curarte y enseñarme quien soy-volaba tan alto que nadie lo vería.
El Caballero del Dragón había despertado.
lunes, 17 de marzo de 2008
Una noche solitaria (II)
Recuerdo haberle enseñado como se hacía y haberlo dejado robar parte de la mía.. algo fácil... pero si no se sabe detener puedes obtener mas de lo que quisieras de la persona a la que estas paladeando y debilitarla en vez de obtener fuerza y conocimientos....Le expliqué la diferencia entre los vampiros y los inmortales como nosotros... le dejé beber un poco de mi y bebí de el.
Estuve tan tentada en convertirlo en lo que soy yo... pero no, no lo haré, no puedo convertir a alguien por simple pasión, aunque sería excelente inmortal, todo un guerrero, un cazador, sería tan, tan nosotros....
Ah! Ellos, mis inmortales, casi los olvidaba...reí dentro de mi, si supieran lo que la noche anterior había pasado; los conozco, ya lo sabrán, pero aun no. Me habían pedido que me alejara de él, sabían cuanto lo deseaba, como me derretía mi pasión hacia el y lo loca que podía volverme, recordemos que los inmortales sentimos cada sensación diez veces o hasta treinta veces mas que cualquier mortal, asi que el hecho que un "mortal" tuviera tanto poder en alguien como yo, era un signo en verdad aterrador para cualquiera de mi raza, sobretodo siendo quien soy entre ellos.
Muchos de ellos lo habían divisado, sentido y varios lo consideraban uno de los nuestros, alguien con tremendo potencial sin ser descubierto, pero habían estado tranquilos sabiendo que el no tenía ni idea de quien podía ser, y que no supiera quien eramos nosotros. Cuando lo sepan.... pues cuando lo sepan me dará mucha risa, siempre me ha gustado romper las reglas y provocarlos y si su decisión era ser como nosotros y desarrollar sus habilidades, eso sería y yo sería su maestra, asi como el sería un maestro para mi. "Akasha, deja de tentar a la suerte" pensé mientras me mordía los labios otra vez.
Me asomé por el balcón, el no andaba cerca, sin que nadie me viera, bajé de un solo brinco a la calle, y salí dispuesta a cazar...
Bellas Artes. Fue el primer pensamiento que recibí de el, ya era entrada la noche, el debía haber estado trabajando, pero el se sabía diferente ahora, y había salido un poco antes para averiguar que había desarrollado la pasada noche y que descubría de lo que en verdad el era. Yo no había encontrado víctima de caza, así que me dirigí a Bellas Artes, hambrienta. Lo encontré sentado en una banca enfrente de el extraordinario palacio, y le deje ver mentalmente todo lo que yo sabia del lugar. Se levanto en un movimiento rápido, preciso y absolutamente inmortal. Con una sonrisa que no pude ocultar me acerqué a el, y con una mano me abrazó del cuello, como tantas veces había hecho, "llévame ahí", señalaba la cúpula de Bellas Artes, asentí con la cabeza y le abracé tan fuerte como pude, en unos segundos estábamos ahí.
Su cara de sorpresa fue tan excitantemente hermosa, que solo pude besarlo. Observaba sorprendido lo magnificente de la ciudad, perdí la cuenta del tiempo, mientras veía a intervalos su ser y la ciudad. "Llévame de caza, quiero verte cazar, princesa de la noche", supongo que mi cara ha de haber sido una mueca de sorpresa total, ya que solo rompió a reír y yo solo me ruboricé "¡Que osado!" y solté a reír yo también. Sin mentir, puedo decir que soñaba con compartir ese momento con alguien, alguien como el, con el, para ser sincera.
Me abrazó y en dos segundos ya estábamos en la alameda, buscando a alguien. - No quiero a alguien que no valga la pena, quiero verte jugar, quiero hablar con la víctima elegida, quiero elegir yo- decía, mientras observaba a su alrededor, en un pequeño café se encontraba una solitaria mujer extranjera, exageradamente hermosa leyendo una novela de Gabriel García Marquez, "la quiero a ella".
Yo, sucumbía a sus encantos y sin poderme negar, caminé hacia a la mujer y le pedí sentarnos con ella, que solo nos observaba sorprendida y encantada, cautivada por dos presencias tan ataviadas y perfectas, tan elegantes y a la vez tan salvajes y sensuales. A la media hora, ya hablábamos de política, y reíamos arduamente, mientras el café y nuestras copas de vino blanco se terminaban. La llevamos sin ningún engaño al hotel donde mi deseado caballero inmortal tenía su hospedaje. Y ahí, la hice, perdón la hicimos nuestra, sin malentendidos.... El la cautivó, la conquisto, ella sucumbió a su amante mortal, y ella fue poseída en un desenfreno de placer mortal y derroche de pasión, mientras yo observaba, frenética la escena.
Ella cayó dormida, ante tan buen amante mortal. "Ahora es tu turno", ¡era tan frío, tan perfecto, tan calculador! Estaba yo totalmente extasiada y sin apuros, tomé a la belleza portuguesa en mis manos, y la bebí en esencia, en conocimiento, en sangre, y casi sin vida, la dejé, nuevamente desnuda en la cama. Mareada, que exquisito placer, no recordaba cuan hambrienta estaba hasta que no los vi en su desenfreno de cuerpos y la bebí. No la maté por amor a los mortales, por ética, no acostumbro a acabar con mis víctimas.
El estaba excitado por lo que había visto. Se me acerco apasionadamente y me besó, poco a poco quito la ropa que me cubría, y me hizo su amante inmortal, de todas las maneras posibles, en el suelo, encima de los muebles, en la cama junto a ella.
Al haber calmado ambos nuestras almas, me miro mientras me abrazaba -¿Ahora que sigue?- sonreía, yo solo pude contestar -Ahora sigue otro amanecer y solo la muerte podría separarme de ti, mi extraordinario cómplice, una muerte que solo llegará si tu quieres que llegue- Afuera empezaba amanecer, mientras los dos acostados en la cama, disfrutábamos el momento, sabiendo que la siguiente noche decidiría nuestras vidas. Sobretodo, su vida.



